Desde que soy madre mi actividad tejeril ha ido mutando y me he visto a mi misma de muchas maneras. Hoy te las cuento en este post. ¿Habrá alguien más que se sienta como yo? 

Desde que soy madre no he dejado de tejer. En el transcurso de estos meses he ido percibiendo cambios, tanto personales como a mi alrededor, algunos llamativos, otros evidentes y que me esperaba, y alguna que otra cosa sorprendente.

Lo he resumido en 7 situaciones; seguro que el futuro me depara más cambios; quizás tú, si estás en una situación similar a la mía me cuentes alguna anécdota parecida o me digas qué está por venir. Ahí van:

Situación 1: he descubierto que tengo superpoderes.

Así es, si antes una de las características típicas de mi transcurrir tejeril era la concentración, ahora ésta se ha transformado en unos reflejos, una velocidad y una capacidad inaudita para teletransportarme o alargar mis extremidades de un lado de la habitación a otra en cuestión de segundos, cual superheroína de Hollywood, salvo por el tipín y el modelito, que nada tienen que ver.

Y es que si tejes y tienes un bebé cerca, uno  de tus ojos está mirando la labor, pero el otro lo está mirando a él. Él, por supuesto, tiene una fijación extrema por tus ovillos y tus agujas. No importa que tenga mil sonajeros alrededor, ni que le cantes todo el repertorio de las canciones infantiles que recuerdas. Su obsesión, como si fuera un gato, es tirar mis ovillos, y lanzarse en plan temerario hacia las agujas.

No ha quedado más remedio que cambiar los horarios para tejer. Esto me lleva directamente al siguiente punto.

Situación 2: Ya no tejo por el día.

No sé a otras personas, pero a mí siempre se me ha dado muy mal tejer por las noches. Cuando estoy con Eduardo no puedo tejer con normalidad, no pasa nada, porque también he descubierto que puedo alargar las horas de los días más que antes de ser madre.

Cuando él duerme yo tejo, pero solo por las noches, porque la siesta es un momento sagrado para los 2, en el que nos acurrucamos en el sofá y me tiene inmovilizada durante 2 horas, a veces me duermo, a veces no.

La noche, me guste más o menos, se ha convertido en mi aliada lanera, bajo su cobijo, con los ojos más cerrados que abiertos, llevando hasta la extenuación la frase “1 vuelta más y lo dejo“, veo desfilar un capítulo tras otro de alguna serie, le doy al automático a las manos, y procuro no equivocarme. Pero lo cierto es que el agotamiento, sobre todo en los primeros meses de maternidad, es algo que casi no se puede explicar con palabras. 

Muchas mañanas mi desayuno, lejos de ser con diamantes, es tirando de la hebra con todo mi dolor para deshacer lo que hice la noche anterior.

Situación 3: Mi hábitat tejeril ha cambiado

Por motivos evidentes mis labores, mis ovillos y mis agujas ya no pueden campar a sus anchas en el salón. Antes cada mesita tenía algo encima: cuadernos, una muestra, un proyecto empezado, otro por coser, más muestras, ovillos, agujas… ¡Ya no! Ahora he tenido que volverme ordenada (o intentarlo al menos).

Mis ovillos ya no están tan a mano, han sido relegados a la zona de trabajo, es decir, la habitación desde la que escribo, metidos en cajitas, algunos visibles, otros no, en bolsas… Y bueno, aunque este nuevo hábitat tiene ventajas para la convivencia familiar, pierdo en improvisación y espontaneidad.

Ahora me he dado cuenta también de lo perezosa que puedo llegar a ser, porque a veces tener que subir la escalera para ir a la nueva ubicación de mis herramientas tejeriles, se me antoja como subir al Everest.  

Aún así hay ovillos que se han convertido en juguetes (siempre con supervisión), y proyectos que viven en el salón porque si no es así, quedarían condenados al mayor de los ostracismos: aquellos proyectos que empezaste con ilusión y que con el tiempo, por la sencilla razón de no estar a mano en todo momento, se olvidaron con 1 vuelta a medias

Situación 4: Me resulta más fácil cocinar que tejer

La maternidad me ha llevado a acostumbrarme a dejar muchas cosas a medias, porque la prioridad siempre es Eduardo y sus necesidades. Por lo que muchas veces me he quedado con 1 ceja depilada y otra no, o he salido a la calle llevando el peor no-peinado que podía imaginar. No es que me haya abandonado, es que sencillamente hay cosas que pasan a un 2º plano casi sin darte cuenta.

Con respecto a tejer pues he visto que muchas ideas se han quedado a la mitad por no poder encontrar la continuidad que necesito para llevarlas a cabo. Sencillamente vivo en una constante, y a veces frustrante, sensación de dejar mis tareas tejeriles a medias. Que si lo piensas no es tan grave, porque la mayor parte del tiempo que estás tejiendo, está sin acabar, es decir, que hasta que no rematas la última hebra, la prenda no está terminada. Así que está claro que se trata de algo psicológico, y entiendo que forma parte de todo el proceso.

El caso es que muchas veces cuando me he agobiado por no poder terminar las cosas cuando deseo, lo que me ha salvado el ánimo es la cocina, ya fuera en formato bizcocho, galleta, tarta, etc, aunque también me van las recetas saladas. Creo que la cocina me sirve de flotador mental porque se trata de una necesidad primaria, porque aunque soy Knitaholic, puedo pasar (muy a mi pesar) 1 día sin tejer, pero no sin comer. 

Situación 5: Cuando alguien me ve tejer siempre da por hecho que es para mi hijo.

Esta situación es la que más me ha sorprendido de todas (¡más incluso que los superpoderes!). Y es que no me ha pasado 1 vez, me ha pasado el 80% de las veces que he tejido delante de alguien. Ya sean amigos, familiares o conocidos, todos me han preguntado con un brillo especial en los ojos: “Ay! ¿Eso que estás tejiendo es para el nene?”. No importa que lo que tenga entre las agujas sea claramente una prenda gigante que no valdría para 1 niño de 10 meses. 

Acto seguido, cuando ilusa de mí contesto: “No, es una prenda para mí”, veo desaparecer la ilusión del rostro, seguido de un silencio incómodo y un giro de cabeza hacia el lado de mi interlocutor.

Es ese momento cuando en mi cerebro se produce un cortocircuito mental y se me pasan por la cabeza pensamientos tipo: “Uy, es verdad, desde que ya no estoy embarazada no he tejido nada para él, soy lo peor”, o “Vaya, que mala madre, siempre tejiendo para mí”. Una vez que todas las culpabilidades me han azotado me pregunto: “¿Y que tiene de malo que teja mi propia ropa? ¿Acaso por ser madre ya solo se espera de mí que teja prendas pequeñitas?”.

Sinceramente, no lo entiendo. Todo tiene su momento. Y eso me lleva a las 2 últimas situaciones que he vivido desde que soy madre y sigo tejiendo. 

Situación 6: se ha despertado en mi un interés extra por todo lo que se pueda tejer y no requiera talla.

Ya en el embarazo me pasó, y os lo conté en 1 post en el que hablaba de qué tiene tejer 1 chal que no tenga otra prenda (puedes leerlo aquí). Y es que cuando estás viviendo la experiencia de la maternidad, desde el embarazo al puerperio, y los primeros meses o años de tu criatura, tú y tu cuerpo estáis a tope de cambios, y muchas veces sientes que ninguna de las prendas que caen en tus manos te resulta lo bastante cómoda.

Otras veces piensas que para qué tejer algo que quizás no te puedas poner en meses, así que para esos momentos siempre nos quedará tejer prendas sin talla, como un 1 chal, 1 mantita, 1 cojín, o tejer para otros. 

Consiste en no dejar de tejer. Pero como una de mis debilidades es hacer parte de mi propia indumentaria… Paso a la última situación. 

Situación 7: quiero adaptar mis diseños a mi Yo de ahora mismo.

La vuelta al blog ha supuesto que se acentúe la necesidad de terminar los proyectos que empiezo. Antes de ser madre era mucho más constante, y me costaba menos trabajo. Ahora a veces me parece una odisea. Precisamente ponerme como meta adaptar uno de nuestros propios diseños está funcionando, porque requería de varios factores para que esta mini terapia tejeril que yo misma me estoy aplicando, fuera efectiva. 

  • Necesitaba encontrar un proyecto sencillo a la par que placentero, nuestro Mafalda Sweater lo es. Puedes verlo aquí.
  • Quería que fuera de uso más o menos inmediato. Este diseño es primaveral/veraniego. Puedo tejerlo con la motivación de estrenarlo en breve.
  • Requería que la adaptación no fuera complicada, adaptándose más a mi cuerpo actual que a cuestiones numéricas. Y sin duda este diseño puede hacerlo.

¿Qué he hecho? He adaptado el diseño original del top a un Sweater, y he cambiado el material, en vez de utilizar una cinta de algodón plana, estoy tejiéndolo con 1 algodón mucho más fino de torsión redonda con agujas del 5 y no con agujas del nº 6. He aumentado bastante el largo para que me cubra por debajo de las caderas, y añadido los puntos y las vueltas que corresponden a mi cuerpo actual.

De esta manera estoy consiguiendo tejer cada noche un poquito, darle vida a un patrón ya existente y tener 1 nuevo diseño, porque como siempre digo cada patrón tiene 1000 vidas. Y mi terapia funciona, cada vez me siento mejor, con menos presión, y cada vuelta que avanzo es 1 paso a conquistar ese tiempo para mí, tan necesario para seguir funcionando correctamente. 

¿Y tú? ¿Te animas al placer de tejer 1 proyecto sencillo?

Es #elpatróndelasemana, así que lo tienes con un 20% de descuento. Si lo adquieres y quieres la nueva versión, escríbeme a clara@pearlknitter.com y te diré las nuevas medidas y la adaptación que he hecho. ¡Es como 2 patrones en 1!

Y estas son las nuevas situaciones a las que me voy enfrentando cada día, te dejo un pedacito de mi salón, donde conviven como pueden juguetes, ovillos y proyectos que espero terminar bien prontito.

Ahora me encantaría saber, seas madre o no, si tú también te enfrentas en tu día a día a pequeños obstáculos o cambios que afectan a tu producción tejeril, si tienes algún truco para avanzar cuando quieres adelantar.

¿Cómo compaginas tu vida tejeril con tu vida en general? 

Te espero en los comentarios. ¡Como siempre!

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