Ha pasado un mes desde que dijimos al mundo que  Pearl Knitter había venido para quedarse. Estos 30 días han supuesto muchas cosas, pero quizás si este fin de semana no hubiera sido uno de esos en los que te sucede algo que te hace tener un “click” en tu modo de ver las cosas, no estaría haciendo una revisión de lo que este tiempo ha significado para mí.

El fin de semana comenzó estupendamente y en un determinado momento se torció para acabar con todo mi ánimo y convertirme en un alma en pena durante dos días. Cierto es que como tengo algo de Ave Fénix, renazco de mis cenizas y de nuevo vuelvo a la carga.

No os voy a torturar contándoos qué me ha pasado, simplemente ocurrió algo que no está en mi mano cambiar, no me queda más remedio que asumirlo y seguir hacia delante de la mejor manera posible. Digamos que se unieron varios factores y después de verlo todo muy negro, conseguí vislumbrar  una lucecilla al fondo, y cuando caminas hacia ella todo vuelve a iluminarse.

Hoy no os quiero hablar ni de punto del derecho, ni de punto revés, ni de agujas ni de ovillos. Quiero hablaros de cómo practicar un arte puede llegar a transformar vuestra realidad. Lo que os cuento puede extrapolarse a cualquier ámbito de la vida; en mi caso lo aprendí leyendo El Arte de Amar de Erich Fromm.

Meses atrás, cuando preparábamos el lanzamiento oficial de Pearl Knitter yo era una persona disciplinada, practicaba tres cuestiones que considero vitales para llegar a formarte en un arte: concentración, disciplina y paciencia. Esas son tus mejores aliadas cuando te propones cumplir algo.

Cuando por fin tuvimos la web, mis rutinas diarias se vieron interrumpidas por el ritmo frenético de “estar ahí”: las personas pueden transformarse en “me gusta”, en números, en estadísticas… Si no te das cuenta a tiempo, puedes terminar por querer relacionarte con el mundo como si fueras una máquina, y eso precisamente es lo último que yo quiero.

Vivir este fin de semana una situación personal que poco me agradó, me ha llevado a retomar las tres habilidades que nos han hecho llegar hasta aquí, he vuelto a lo que considero mis orígenes.

Aproveché 24 horas de soledad absoluta para concentrarme, volver a emplear la disciplina y la paciencia en algo que es 100% yo.

He desterrado la impaciencia, la velocidad, la premura y el “lo quiero y lo quiero ¡ya!” de mi vida cotidiana. Vivo de lo que me gusta hacer, cada nuevo proyecto que tejo es un reto y, si estoy aquí es porque en su momento decidí escapar de la rutina de tener que trabajar 8 horas  en algo que no quiero para después hacer un escapismo total al ocio mal entendido.

Me he detenido un momento, he escuchado lo que me movió a estar donde estoy ahora. Cogí las agujas y los ovillos, sin televisión de fondo, ni siquiera música. Solo estaba yo, concentrada, contando con paciencia cada vuelta que daba a las agujas, preocupada por el resultado y disciplinada en querer seguir aprendiendo.  Es una sensación, que sea cual sea el arte que practiquéis, es altamente recomendable.

Está genial que cada día te lea quien te conoce y alguien nuevo, recibir nuevos o conocidos “me gusta”, cada nueva suscripción y cada mail de conocidos o desconocidos que te dicen que les encanta cómo lo estás haciendo y lo que les estás ayudando.

Está tan bien que no quiero dejar de vivirlo, por eso tengo que saber echar el freno, y vivir acorde a lo que creo. Tener fe en mi trabajo es realmente productivo.

Estar concentrado y ser disciplinado es un rara avis en nuestra sociedad actual,  la paciencia está lejos de formar parte del engranaje en el que vivimos. Ser disciplinado es la máxima expresión de la propia voluntad, ser capaz de añorar algo cuando no lo estás haciendo. Esa es mi relación con el punto tejido a mano, lo echo de menos cuando no lo practico.

¿Hay alguna manera de dominar un arte que no sea través de la práctica? No.

Hoy, tras un fin de semana nada divertido, miro lo que estoy haciendo y pienso que hace más de un año que las agujas y los ovillos significan mucho más de lo que puede parecer a primera vista.

Después de compartir este post, 100% personal, estoy muy animada a hablaros otro día de cómo emplear la disciplina, la paciencia y la concentración, 100% aplicado al punto a dos agujas. No vais a poder dejar de sorprenderos de todo lo que podéis vivir cuando decidís iniciaros en el camino de dominar un arte.

Estar bien o mal, mejor o peor, depende exclusivamente de mi actitud ante las cosas que no salen tal y como me gustarían.

Ha pasado un mes desde que estamos aquí, días en los que te cuestionas todo lo que estás haciendo, si lo haces bien o mal. Por eso a vosotros, que nos seguís y nos leéis, que sabéis cómo llevamos esta aventura desde el primer día, y muchos otros que lo sabéis desde hace meses…

¿Qué relación tenéis con el punto? ¿Cómo lo empleáis en relación a vuestra vida cotidiana? ¿Tenéis otro arte al que dedicarle horas sin daros cuenta y qué os haga reflotar cuándo estáis tristes?

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