Yo me llamo Asunción.

Hice un paréntesis en mi vida de estudiante entre los 18  y 26 años. En ese tiempo me dediqué a ser ama de casa y a traer al mundo a tres preciosos hijos, los cuales, por fortuna, aún no han parado de darme satisfacciones, igual que mi lindo maridito. Cuando ya  estaban algo crecidos retomé mi actividad laboral e intelectual (aunque esta última, como es natural no la había abandonado por completo).

Siempre me gustó formar parte del mundo del Arte y decidí a hacer la carrera que siempre soñé: Bellas Artes en la especialidad de Diseño y Grabado. No pensé que fuera tarde en absoluto para eso, normalmente se hace una carrera y después se establece la familia. Yo lo hice al contrario y no me arrepiento en absoluto. Fueron unos años realmente divertidos en los que combinaba perfectamente la vida de pareja y de madre con la vida de estudiante.

Pero antes de eso y gracias a que me gustaba tanto tejer ya estuve muy involucrada con el mundo que ahora se conoce como Handmade o Do it Yourself. Desde pequeña, con 5 o 6 años ya tejía mis propias bufandas, jerseys, patucos y todo lo que hiciera falta. Mi padre decía en broma que salía muy cara porque me compraban unos ovillos para hacer un jersey y lo acababa en muy pocos días,  pensando en la ilusión del siguiente proyecto. Ayudaba a mis amigas a tejer los suyos, les explicaba cómo hacer los cuellos, las sisas, etc.

Esto me llevó a tejer jerseys para una amiga que tenía una tienda entonces muy de moda en los años 80. Tejía entre 4 y 5 jerseys a la semana. Pero de pronto me dí cuenta que había muchas más tiendas y mucha gente con la que podía contar para aumentar mi pequeño negocio. En mi familia, mi madre Clara, que fue la que me enseñó, y mis tías; todas tienen una vena artística y creativa que no tiene parangón,  son capaces de hacer lo que se propongan tanto en costura como en punto, ganchillo, bolillos, etc. Contaba con mi madre que vivía en la misma ciudad que yo y con mi tía Carmen,  que vivía en mi pueblo  natal, donde tenían un montón de amigas de su generación también capaces de realizar cualquier diseño que a mí se me pasara por la cabeza, y a su vez estas tenían hijas y sobrinas más jóvenes, también preparadas para tejer lo que hiciera falta. Y con el infinito apoyo  de mi marido, que ha estado siempre involucrado en todos mis proyectos, conseguimos durante mucho tiempo  que la producción fuera en aumento.

Así fue como monté un equipo de tejedoras que acabó trabajando no sólo para tiendas en mi ciudad y con la ayuda de un representante nos extendimos a otras muchas.

Cuando acabé en la facultad, la realización de otro de mis sueños se apoderó de mí. Monté un taller de grabado y fotografía en pleno centro de la ciudad y me dediqué de lleno a dar clases de Grabado, Fotografía y  Pintura y a realizar mi propia obra y preparar exposiciones.

Esta tarea me ha dado muchas satisfacciones, pero porque el destino lo ha querido así, en este momento  no puedo estar en contacto ni con productos químicos ni debo hacer los esfuerzos físicos que un grabador debe realizar, así que no me ha costado tampoco mucho la decisión de retomar mi actividad anterior. Creo que es el momento más oportuno.

Para mí tejer un jersey es como pintar un cuadro. Los ovillos y las agujas son la equivalencia al lienzo y los pinceles. Los colores los ofrece la paleta que elijamos y lo demás está en el interior siempre que esté hecho con amor, en este caso con cálido amor lanero.

Ahora con la ayuda de mi hija Clara, la colaboración de mi hija Isabel, mi hermana Clara, mi madre, mis tías y, por supuesto, el ánimo y el apoyo de mi hijo y mi marido, retomamos el proyecto de años atrás, adecuado al día de hoy.

Asunción

Me llamo Clara, como mi abuela, como mi tía. Soy la menor de 3 hermanos.

Tengo 34 años, y casi ni me lo creo, hay días que siento que he hecho muchas cosas y otros en los que pienso que aún me quedan millones por hacer. Adoro a los perros, he tenido 4 y ahora no me queda ninguno. No concibo vivir sin escuchar música, y soy de esas que van por la calle con los cascos y tiene que contenerse para no empezar a bailar cuál prota de un videoclip.

Fui extremadamente feliz estudiando Hª del Arte, carrera en la que me matriculé tras un verano de aventuras en Inglaterra con mi hermana, a pesar de haber estado matriculada ya en Pedagogía.  Fue una decisión de esas que te salen de dentro, y de las que no te arrepientes nunca. Me pirra el arte actual y conocer todo lo anterior que ha hecho que seamos como somos.

Mientras seguía estudiando todo aquello que me interesaba [Hª y Estética de la Cinematografía, Museografía Creativa, Artes Visuales] trabajé en un negocio propio durante 5 años, un business del que siempre he renegado y al que he culpado de todo aquello que no me gustaba en mi vida. Pensaréis: ¿de qué está hablando? Se trataba de una tienda de ropa, y no una tienda deprimente, la adecué a todo lo que podía gustarme en relación a mí misma: música, decoración, elección de las prendas… El problema es que era un negocio familiar “heredado” que no satisfacía para nada mis inquietudes; por entonces,  soñaba cada día con que viajaría de ponencia en ponencia dedicada al mundo de la investigación universitaria, sin embargo lo que hacía era levantar una verja, que tanto física como espiritualmente  pesaba un quintal  para colocarme tras un mostrador día tras día. 

Hace más de 2 años que cerré ese negocio, han sido unos años muy movidos.  Personalmente viví muchas cosas: cambié de ciudad, rompí con el que había sido mi pareja después de 10 años, y comencé a trabajar en una agencia de comunicación en el departamento de producción. De pronto, yo que venía del mundo del pensamiento, es decir: todo el santo día leyendo, escribiendo y contemplando la vida desde una óptica intelectual, me encontré en un vaivén diario, lleno de estrés, de viajes, de movidas en las que jamás se me hubiera ocurrido acabar implicada… Parecía estar viviendo una vida que no era la mía. En estos años perdí 10 kilos, hice muchos amigos, aprendí mucho y disfruté como una enana a pesar de las jornadas laborales maratonianas.

Ahora he puesto un stop a una vida tan frenética que no me permitía pensar, me he detenido un momento y he descubierto el punto. Con Pearl Knitter estoy acercándome a todo aquello que mantuve alejado por miedos que parecían haberse instalado como pilares en mi vida cotidiana. Mis manos y mi mente se han unido para no volver a separarse nunca, canalizo a través de las agujas y los ovillos lo que me gusta y no paro de sumar pasiones a este proyecto donde voy a crear, a escribir, a fotografiar y a disfrutar con todo lo que hagamos. Pretendo compartir con el mundo una técnica que en mi familia tiene tradición desde mi abuela y sus hermanas, mi madre, y ahora yo y todo aquel que quiera seguirnos en este proyecto.

Estoy feliz porque por primera vez soy capaz de ver que aquellos años en una tienda de ropa no fueron en balde, aprendí muchas cosas que ahora están saliendo a flote.

Y tú:  ¿Eres 1 Pearl Knitter? Te espero por aquí, suscríbete y síguenos en esta aventura tejeril, te iré contando cómo voy avanzando en mi aprendizaje, desmenuzándolo para que sea comprensible a todos y sobre todo, divertido. Y recuerda: no hay proyecto imposible.

Abrazo lanero.

Clara.